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lunes, enero 26, 2026 🐣
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Las elecciones del 36 (I): la campaña electoral

El 7 de enero de 1936, tras la caída el año anterior de los gobiernos de Lerroux y la imposibilidad de formar un gobierno sólido, el presidente Alcalá-Zamora disolvió las cortes y convocó elecciones para el 16 de febrero, sin duda las más reñidas y polarizadas de la Historia de España pero que en Yecla van a ser especialmente duras debido al clima de máximo enfrentamiento entre los diferentes bloques políticos.

En la actualidad las campañas electorales tienen lugar quince días antes de unas elecciones; son campañas regladas que finalizan dos días antes y se establece un día de reflexión en el que está prohibida toda publicidad electoral, pero en aquel entonces, en el momento en el que se convocaban elecciones y hasta el día mismo de las votaciones, los partidos comenzaban con la propaganda que consistía básicamente en la pega de pasquines y carteles, el reparto de octavillas y, sobre todo, los mítines, que eran auténticas pruebas en las que las fuerzas políticas demostraban si tenía tirón popular o no.

La propaganda electoral comenzó ya a principios de 1936 y todo indicaba que Yecla iba a ser una ciudad especialmente conflictiva y violenta: apenas un mes antes, el 10 de diciembre de 1935, la Casa del Pueblo (estaba en la actual calle Colón, a la altura de la plaza de España, más o menos) sufrió un atentado que tuvo lugar cuando a las tres y media de la madrugada una lata de gasolina colocada en la puerta fue explotada intencionadamente, lo que produjo que la puerta ardiese y se rompieran los cristales de las ventanas. Pudo haber sido una tragedia si el edificio hubiera ardido y el fuego hubiera pasado a las viviendas aledañas sino es porque el conserje y su mujer, que vivían en el edificio, lo apagaron a toda prisa. Cinco días después, temiendo graves desórdenes, el gobernador civil ordenó que una compañía de veinte Guardias de Asalto al mando de un teniente, (la Guardia de Asalto era la Policía Nacional de la época), se desplegara en Yecla pues se temía que los enfrentamientos entre las facciones serían durísimos.

En Yecla, tal como figuran las papeletas, se presentaron la Coalición de Izquierdas (compuesto mayoritariamente por la Agrupación Socialista de Yecla e Izquierda Republica; y, mucho más minoritarios, los comunistas del PCE y los republicanos de Unión Republicana. También contaban con el apoyo de los anarquistas de la CNT que en Yecla no tuvieron la importancia y la fuerza que en otras localidades); y la Coalición Antirrevolucionaria (formada principalmente por la CEDA, Confederación Española de Derechas Autónomas, y sus Juventudes, las JAP; votantes y miembros del Partido Republicano Radical, que se pasaron en bloque a la CEDA; el Bloque Nacional de Calvo Sotelo, así como minorías de monárquicos y miembros del Partido Agrario). Los falangistas finalmente quedaron fuera de la coalición derechista y su escaso voto fue a parar principalmente a los candidatos de la CEDA.

Referente a los pasquines y carteles, se solían pegar a plena luz del día o la tarde aunque los que eran anónimos se pegaban por la noche. Pero a diferencia de hoy, entonces se solicitaba permiso al alcalde a través de una instancia en la que se debía informar del contenido de los mismos y de los lugares de colocación. Era muy natural que duraran poco tiempo pues los adversarios no dudaban en esperar a que los contrarios terminaran su pegada para arrancar sus carteles. Este es el origen de los frecuentes enfrentamientos callejeros que hubo en Yecla y sabemos que muy a menudo terminaban en auténticas batallas campales a pedrada limpia. Una de ellas, casi estuvo a punto de costarle la vida a un joven falangista yeclano que recibió un enorme ladrillazo en la cabeza en mitad de una reyerta con jóvenes socialistas. También eran muy frecuentes los enfrentamientos de estos últimos con las Juventudes de Acción Popular (las famosas JAP, las juventudes del partido de Gil Robles) y, puede sorprender, las JAP también se enfrentaban a menudo con los falangistas a quienes acusaban de dividir el voto de las derechas.

Más frecuente era el reparto y tirada en la vía pública de las octavillas en las que se recogían los principales lemas de los partidos. Octavillas que eran realizadas por las imprentas yeclanas de la época (Imprenta Victoria e Imprenta Ortuño) por lo que no era raro ver que aludieran también a temas locales. El contenido de estas octavillas era verdaderamente agresivo. Por ejemplo, el Bloque de Izquierdas lanza una en la que se lee: “Los que votarán a las Derechas: los licenciados de presidio por inmorales, los descendientes de Torquemada, los sifilíticos de conciencia, los degenerados mentales, los castrados de voluntad, los espíritus leprosos… los negreros, los invertidos… los idiotas.” Mientras que el Bloque de las Derechas lanza otra que dice: “¡Españoles! La patria está en peligro, acudamos a defenderla. Quien sin ser un revolucionario no luche contra la revolución es un cobarde y un suicida. Quien se abstenga de votar en las próximas elecciones es un desertor.” Mientras, los falangistas, que se han quedado fuera del Bloque de las Derechas, claman: “Yeclanos, no os pedimos votos, sino oídos valientes para escuchar la verdad… ¡Ni izquierdas, ni derechas!”

Pero lo que de verdad demostraba si un movimiento político tenía tirón entre los yeclanos eran los mítines. Y el gran reto por el que competían las izquierdas y las derechas era abarrotar el Teatro Concha Segura. Para usar el teatro, las formaciones debían solicitar previamente permiso al gobernador civil a través del alcalde. Generalmente se concedía pero una persona de máxima confianza del alcalde, debía asistir al mitin y realizar un informe sobre el transcurso del mismo que era enviado al gobernador. Recordemos que en ese momento el alcalde de Yecla era el miembro del centroderechista Partido Republicano Radical, Manuel Martínez y Martínez del Portal (pariente del escritor Azorín) y que fue la figura local que más se enfrentó con las izquierdas.

En Yecla hubo varios mítines centrales, todos en el Concha Segura, y todos fueron más o menos multitudinarios. El 26 de enero a las 11 de la mañana celebra un mitin Falange Española con oradores venidos de Murcia y con el incidente de que les apagaron la luz a mitad del acto; el 2 de febrero a las 11 de la mañana, la Coalición de Izquierdas celebra un gran mitin también en el Concha Segura en el que intervienen oradores también venidos de Murcia. Es el mitin más concurrido hasta el momento y el teatro se quedó pequeño, por lo que se transmitió a la Casa del Pueblo donde se congregaban más seguidores (sorprendentemente los mítines de la época se transmitían ¡por teléfono!); mientras que el 14 de febrero a las 9 de la noche la Coalición volvió a celebrar otro mitin también en el Concha Segura en la que intervinieron los oradores de Izquierda Republicana aunque esta vez ya no fue tan multitudinario como el anterior. También la Coalición de Izquierdas celebró un mitin en la pedanía de Raspay en el cual “se calcula asistieron como oyentes unos cuatrocientos cincuenta.”

El 9 de febrero tuvo lugar el mitin central del Bloque de Derechas, también en el Concha Segura, con oradores de la CEDA también venidos de Murcia. El mitin central del Bloque de Derechas también resultó multitudinario y fue transmitido también por teléfono al público que no pudo entrar en el Concha Segura y que se congregó en la cercana sede de la Asociación Patronal de Agricultores (donde está ahora el actual edificio de Cazadores) que abiertamente hacía campaña por las derechas.

Y, como no podía ser menos, se realizó paralelamente una campaña de bulos y verdades a medias que en nada tendrían que envidiar a los de hoy día. Ambos bloques lanzaban amenazas en nombre de sus contrarios a distintos sectores de la población: “si vencen las izquierdas prohibirán la religión en las escuelas, las Fiestas de la Virgen y enviarán a los niños a Rusia”; “si vencen las derechas han prometido que todos los obreros del campo tendrán que irse de Yecla excepto sus hijas que se quedarán como sirvientas de los señoritos.” A menudo estas amenazas, que no tenían nada que ver con la realidad, se imprimían en folletos anónimos que eran lanzados por toda la población y sólo contribuían a caldear más los ánimos y enconar los enfrentamientos. Especial preocupación causó un folleto presuntamente firmado por Comité local de las Izquierdas de Yecla en el que se lanzaban graves amenazas a la Asociación del Comercio de Yecla si continuaban apoyando a las derechas. Tal revuelo debió causar que dicho Comité tuvo que lanzar otro propio desmintiendo la autoría de tales amenazas, lo que causó un gran alivio en la Asociación del Comercio, quien en una nota a la prensa local de la época indicaba que “… nos alegra saber que las izquierdas no han tenido nada que ver en esas amenazas… El día de las elecciones cada uno de nosotros votará según le dicte su conciencia…”

Y así se llegó hasta el día 16 de febrero, día de las elecciones, en el que cada bloque continuó con su propaganda hasta la hora de cierre de los colegios electorales. En el próximo artículo analizaremos los resultados y las implicaciones que tuvieron en la vida local.

Salvador Santa

El 7 de enero de 1936, tras la caída el año anterior de los gobiernos de Lerroux y la imposibilidad de formar un gobierno sólido, el presidente Alcalá-Zamora disolvió las cortes y convocó elecciones para el 16 de febrero, sin duda las más reñidas y polarizadas de la Historia de España pero que en Yecla van a ser especialmente duras debido al clima de máximo enfrentamiento entre los diferentes bloques políticos.

En la actualidad las campañas electorales tienen lugar quince días antes de unas elecciones; son campañas regladas que finalizan dos días antes y se establece un día de reflexión en el que está prohibida toda publicidad electoral, pero en aquel entonces, en el momento en el que se convocaban elecciones y hasta el día mismo de las votaciones, los partidos comenzaban con la propaganda que consistía básicamente en la pega de pasquines y carteles, el reparto de octavillas y, sobre todo, los mítines, que eran auténticas pruebas en las que las fuerzas políticas demostraban si tenía tirón popular o no.

La propaganda electoral comenzó ya a principios de 1936 y todo indicaba que Yecla iba a ser una ciudad especialmente conflictiva y violenta: apenas un mes antes, el 10 de diciembre de 1935, la Casa del Pueblo (estaba en la actual calle Colón, a la altura de la plaza de España, más o menos) sufrió un atentado que tuvo lugar cuando a las tres y media de la madrugada una lata de gasolina colocada en la puerta fue explotada intencionadamente, lo que produjo que la puerta ardiese y se rompieran los cristales de las ventanas. Pudo haber sido una tragedia si el edificio hubiera ardido y el fuego hubiera pasado a las viviendas aledañas sino es porque el conserje y su mujer, que vivían en el edificio, lo apagaron a toda prisa. Cinco días después, temiendo graves desórdenes, el gobernador civil ordenó que una compañía de veinte Guardias de Asalto al mando de un teniente, (la Guardia de Asalto era la Policía Nacional de la época), se desplegara en Yecla pues se temía que los enfrentamientos entre las facciones serían durísimos.

En Yecla, tal como figuran las papeletas, se presentaron la Coalición de Izquierdas (compuesto mayoritariamente por la Agrupación Socialista de Yecla e Izquierda Republica; y, mucho más minoritarios, los comunistas del PCE y los republicanos de Unión Republicana. También contaban con el apoyo de los anarquistas de la CNT que en Yecla no tuvieron la importancia y la fuerza que en otras localidades); y la Coalición Antirrevolucionaria (formada principalmente por la CEDA, Confederación Española de Derechas Autónomas, y sus Juventudes, las JAP; votantes y miembros del Partido Republicano Radical, que se pasaron en bloque a la CEDA; el Bloque Nacional de Calvo Sotelo, así como minorías de monárquicos y miembros del Partido Agrario). Los falangistas finalmente quedaron fuera de la coalición derechista y su escaso voto fue a parar principalmente a los candidatos de la CEDA.

Referente a los pasquines y carteles, se solían pegar a plena luz del día o la tarde aunque los que eran anónimos se pegaban por la noche. Pero a diferencia de hoy, entonces se solicitaba permiso al alcalde a través de una instancia en la que se debía informar del contenido de los mismos y de los lugares de colocación. Era muy natural que duraran poco tiempo pues los adversarios no dudaban en esperar a que los contrarios terminaran su pegada para arrancar sus carteles. Este es el origen de los frecuentes enfrentamientos callejeros que hubo en Yecla y sabemos que muy a menudo terminaban en auténticas batallas campales a pedrada limpia. Una de ellas, casi estuvo a punto de costarle la vida a un joven falangista yeclano que recibió un enorme ladrillazo en la cabeza en mitad de una reyerta con jóvenes socialistas. También eran muy frecuentes los enfrentamientos de estos últimos con las Juventudes de Acción Popular (las famosas JAP, las juventudes del partido de Gil Robles) y, puede sorprender, las JAP también se enfrentaban a menudo con los falangistas a quienes acusaban de dividir el voto de las derechas.

Más frecuente era el reparto y tirada en la vía pública de las octavillas en las que se recogían los principales lemas de los partidos. Octavillas que eran realizadas por las imprentas yeclanas de la época (Imprenta Victoria e Imprenta Ortuño) por lo que no era raro ver que aludieran también a temas locales. El contenido de estas octavillas era verdaderamente agresivo. Por ejemplo, el Bloque de Izquierdas lanza una en la que se lee: “Los que votarán a las Derechas: los licenciados de presidio por inmorales, los descendientes de Torquemada, los sifilíticos de conciencia, los degenerados mentales, los castrados de voluntad, los espíritus leprosos… los negreros, los invertidos… los idiotas.” Mientras que el Bloque de las Derechas lanza otra que dice: “¡Españoles! La patria está en peligro, acudamos a defenderla. Quien sin ser un revolucionario no luche contra la revolución es un cobarde y un suicida. Quien se abstenga de votar en las próximas elecciones es un desertor.” Mientras, los falangistas, que se han quedado fuera del Bloque de las Derechas, claman: “Yeclanos, no os pedimos votos, sino oídos valientes para escuchar la verdad… ¡Ni izquierdas, ni derechas!”

Pero lo que de verdad demostraba si un movimiento político tenía tirón entre los yeclanos eran los mítines. Y el gran reto por el que competían las izquierdas y las derechas era abarrotar el Teatro Concha Segura. Para usar el teatro, las formaciones debían solicitar previamente permiso al gobernador civil a través del alcalde. Generalmente se concedía pero una persona de máxima confianza del alcalde, debía asistir al mitin y realizar un informe sobre el transcurso del mismo que era enviado al gobernador. Recordemos que en ese momento el alcalde de Yecla era el miembro del centroderechista Partido Republicano Radical, Manuel Martínez y Martínez del Portal (pariente del escritor Azorín) y que fue la figura local que más se enfrentó con las izquierdas.

En Yecla hubo varios mítines centrales, todos en el Concha Segura, y todos fueron más o menos multitudinarios. El 26 de enero a las 11 de la mañana celebra un mitin Falange Española con oradores venidos de Murcia y con el incidente de que les apagaron la luz a mitad del acto; el 2 de febrero a las 11 de la mañana, la Coalición de Izquierdas celebra un gran mitin también en el Concha Segura en el que intervienen oradores también venidos de Murcia. Es el mitin más concurrido hasta el momento y el teatro se quedó pequeño, por lo que se transmitió a la Casa del Pueblo donde se congregaban más seguidores (sorprendentemente los mítines de la época se transmitían ¡por teléfono!); mientras que el 14 de febrero a las 9 de la noche la Coalición volvió a celebrar otro mitin también en el Concha Segura en la que intervinieron los oradores de Izquierda Republicana aunque esta vez ya no fue tan multitudinario como el anterior. También la Coalición de Izquierdas celebró un mitin en la pedanía de Raspay en el cual “se calcula asistieron como oyentes unos cuatrocientos cincuenta.”

El 9 de febrero tuvo lugar el mitin central del Bloque de Derechas, también en el Concha Segura, con oradores de la CEDA también venidos de Murcia. El mitin central del Bloque de Derechas también resultó multitudinario y fue transmitido también por teléfono al público que no pudo entrar en el Concha Segura y que se congregó en la cercana sede de la Asociación Patronal de Agricultores (donde está ahora el actual edificio de Cazadores) que abiertamente hacía campaña por las derechas.

Y, como no podía ser menos, se realizó paralelamente una campaña de bulos y verdades a medias que en nada tendrían que envidiar a los de hoy día. Ambos bloques lanzaban amenazas en nombre de sus contrarios a distintos sectores de la población: “si vencen las izquierdas prohibirán la religión en las escuelas, las Fiestas de la Virgen y enviarán a los niños a Rusia”; “si vencen las derechas han prometido que todos los obreros del campo tendrán que irse de Yecla excepto sus hijas que se quedarán como sirvientas de los señoritos.” A menudo estas amenazas, que no tenían nada que ver con la realidad, se imprimían en folletos anónimos que eran lanzados por toda la población y sólo contribuían a caldear más los ánimos y enconar los enfrentamientos. Especial preocupación causó un folleto presuntamente firmado por Comité local de las Izquierdas de Yecla en el que se lanzaban graves amenazas a la Asociación del Comercio de Yecla si continuaban apoyando a las derechas. Tal revuelo debió causar que dicho Comité tuvo que lanzar otro propio desmintiendo la autoría de tales amenazas, lo que causó un gran alivio en la Asociación del Comercio, quien en una nota a la prensa local de la época indicaba que “… nos alegra saber que las izquierdas no han tenido nada que ver en esas amenazas… El día de las elecciones cada uno de nosotros votará según le dicte su conciencia…”

Y así se llegó hasta el día 16 de febrero, día de las elecciones, en el que cada bloque continuó con su propaganda hasta la hora de cierre de los colegios electorales. En el próximo artículo analizaremos los resultados y las implicaciones que tuvieron en la vida local.

Salvador Santa

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4 COMENTARIOS

  1. Socio-tonto era del PP al no comerse un colín se cambia de chaqueta y se hace de VOX, como es más simple que paquico el sabio que mirando el tiempo dijo; «lo mismo puede llover que no», de ahí que en la extrema derecha tampoco esté haciendo carrera ya que socio-tonto no ha entendido que los ultras son partido franquicia de Trump, partido del que puede intervenir en los asuntos internos de España, como está haciendo el delincuente Trump en Centroamérica, amenazando a países con no recibir las remesas de dinero que transfieren los emigrantes a sus familias.
    Trump un mafioso. Si quiere protección paga. La mafia de toda la vida.

    Sobre la noticia, que mala leche querer quemar la Casa del Pueblo.

  2. Primero he visto al Alcalde de Torre Pacheco vendiendo melones, en este caso no se ha cortado promocionado al melón «el abuelo» con el olvido de que estos melones, en su mayoría, son producidos por personas emigrantes ha cuatro o cinco euros la hora, muchos sin dar de alta.
    La Ciudad de las Ferias, Torre Pacheco, y la ciudad de los sucesos que escandalizaron al país.
    De esto último no ha dicho nada.
    He visto y oído a la Reme intentando vender el vino, de las Celadillas no se ha comentado nada, los gazpachos, pelotas… Las fiestas y todo eso.
    De la industria del mueble, hace historia para contar que el mueble en Yecla tiene su origen en aquellos que fabricaban toneles para el vino. El resto de su intervención, fiestas, folclore, gastronomía, no se si dice algo del Monte Arabí. No se le ha olvidado de comentan la Consejería de Turismo, para gloria del susurrador de besos.

    En resumen. ¿A los turistas que le enseñamos? Alguna bodega, las iglesias y poco más. De la industria de Yecla, la del «descanso», no le vamos abrir la nave de una empresa para que la vean los turistas?
    Podríamos enseñarle el ¡¡¡MUSEO DEL MUEBLE!!!
    Uy, si no tenemos. En Villena, zona zapatera, en su Museo (MUVI) hay un apartado de herramientas y utensilios del mueble, que curiosamente Yecla por historia (recordar los toneleros) no tiene.

    Con estos mimbres seguimos con el » Yecla es igual que Alaska, todo el mundo sabe que existe pero pocos conocen».
    Por aprovechar. Estamos invirtiendo en muchas cosas, algunas bastantes inútiles, que hoy me callo, no tenemos unos euros para un MUSEO DEL MUEBLE?
    Antes de que sea tarde y estén desparecidas muchas herramientas, utensilios, muebles de inicio del siglo XX que es cuando aparece el mueble en la Ciudad.
    En fin, los de Yecla tenemos cierta dificultades cuando vienen de fuera y le tenemos que enseñar el pueblo, (descartando iglesias) el cespín, alguna bodega, y si tienen dificultades de movilidad no la podemos llevar al castillo ni al Monte Arabí.
    Alguien que se tome en serio lo del Museo del Mueble. Cuanto tienen que aprender del clero.

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